Edmundo Trotha: “No podía faltar en mi vida, plantar un árbol, escribir un libro, tener un hijo”

Con sus vitales 88 años, el polifacético vecino cuenta a Vivoenglew.com por qué en su vida decidió escribir un libro titulado “Vivir en Glew”, y recordó diferentes historias de su lugar que según él “ya no es el mismo que conoció en aquella época”.

 

Edmundo Trotha

Edmundo Trotha

 

Seguramente Edmundo Trotha es una de las personalidades que más anécdotas puede recordar  acerca de sus vivencias en las tierras glewquinas. Desde los 6 años sus padres se trasladaron desde Villa Luro a Glew sin haber un motivo aparente, pero lo más importante es que llegaron a estas tierras para nunca más irse.

“Hace 82 años que vivo en Glew, la ruta era una zanja, llegaban las vacas con el trencito La trocha que estaba en Guernica. Cuando llegamos a Glew no había luz, no había nada. Vinimos a 4 cuadras de donde estoy ahora, donde no había ni farmacias ni médicos”, recuerda Edmundo los primeros años de transitar estas tierras.

Edmundo cuenta sus primeros pasos en esta localidad donde en aquella época el vecino más cercano se encontraba a cuatro cuadras de distancia: “En esa época podías encontrar tres cuadras de todo campo por Almafuerte, y si llegaba una persona buscando una calle, primero preguntábamos a quién buscaba, y si era por ejemplo a los Rodríguez estaban a tres cuadras, la única casa que había a esa distancia. Ese era Glew”. “Y se decía Glú, los extranjeros eran mayoría le decían Glef”, recalca.

Con su esposa Bethy Valls, sus 3 hijos, 9 nietos y 3 bisnietos y debido a la gente conocida, los lugares transitados y los lazos construidos, Edmundo quiso quedarse en Glew y no mudarse a otro lugar.

“Vivir en Glew”, su libro

Justamente por la cantidad de anécdotas que él como pocos puede contar sobre su tierra, Edmundo tuvo un gran interés en escribir un libro que reflejara la forma en que se vivía en Glew, es decir que no es la historia de la localidad sino las vivencias, lugares, gente y momentos de Glew.

Así es como en el año 2002 se editó “Vivir en Glew”, libro que narra aquellas particularidades del barrio, personajes e  historias glewenses. El autor nos explicó que el libro se editó en el 2002 y tan pronto como se lanzó se agotaron los ejemplares, aunque él conserva algunas copias del mismo.

“Por ejemplo, en el prólogo menciono que teníamos trenes locales que salían de Glew y en aquel entonces en 36 minutos llegaba a Constitución, hacían Longchamps, Temperley y rápido a Constitución”, comenta Trotha. “No podía faltar en mi vida, plantar un árbol, escribir un libro, tener un hijo”, concluye considerando que ha podido cumplir con esta trilogía.

Un repaso por el libro nos lleva a rememorar las historias de años pasados, como la llegada del primer tren del Ferrocarril Sud el 14 de agosto de 1865 a las 10.05horas, familias tradicionales de Glew como la familia de Juan Carlos Grosso, la celebración del Día de Glew, cada 12 de octubre, el ferrocarril La trocha, los corsos en la calle Moreno, la soda Valls, El Huracán, el reparto de leche a domicilio de Abel Díaz e Hijos, son algunas de las anécdotas que relata Edmundo en su obra.

Recuerdos en imágenes

“Aquí se conocían todos”, remarca Edmundo. Así, comparado con esa época en la cual todos se saludaban con todos, Edmundo enfatiza en que “es muy difícil hacer entender a la gente lo que era Glew antes de lo que es ahora, para quien no vivió todos esos años es difícil explicar”.

Mientras tanto, Edmundo muestra una foto del año 1976 donde se ve el centro de Glew por la calle Soldi, ex Moreno, donde se ve la casa que perteneció a la familia Calvo un día lunes a las 11 de la mañana y era un barrio desolado. Actualmente, las mismas calles céntricas se convirtieron en intransitables un día hábil al mediodía.

“Yo me dediqué a la fotografía, no había foto en color cuando saqué estas fotos, entonces las saqué en diapositivas, y cuando vino la foto en color, de la diapositiva fui a hacer los negativos, así que estas fotos tienen toda una historia detrás”, rememora.

Con gran nostalgia, Trotha sigue exponiendo fotos de aquellos años donde la estación del lado este cambió notablemente, a la vez que muestra imágenes de los trenes de madera de aquella entrañable época.

Polifacético vecino

Conociendo un poco más la vida de Edmundo, sabemos que se ha dado sus gustos, ha viajado, paseado y conocido muchísimos lugares en el mundo entero. Tal es así que enumera la cantidad de viajes que ha hecho pues estuvo más de 30 años en la planta de Martínez de IBM, y debido a su trabajo, aparte de los países limítrofes estuvo 13 veces en EE.UU., 18 en Europa y gracias a tantos viajes habla varios idiomas como alemán, inglés e italiano.

No obstante, cuando hablamos de Edmundo, una de sus facetas más conocida es la de actor vocacional.  En los años ´40 lo elegían a menudo en los elencos para ser muchas veces el “galán” de la obra y ha representado gran cantidad de repertorios clásicos. Sus dotes actorales se han visto brillar tanto en  el auditorio de la Fundación Soldi como en la Sociedad Italiana de Glew, entre otros lugares. “Y hasta hace dos años se hizo en la Fundación Soldi una función especial celebrando los 50 años del teatro y allí participé”, subraya.

Por otro lado, Edmundo fue por bastante tiempo el vicepresidente del Centro de Jubilados de Glew. Recuerda esas vivencias con mucho cariño y, aunque hoy ya no sea parte de la comisión, asiste todas las semanas como “hobbie”.

De esta manera, Edmundo siempre estuvo involucrado en actividades sociales de las distintas  instituciones glewquinas, siempre comprometido con la comunidad local y es por ello que es uno de los pocos que puede contar con detalles lo que significa “Vivir en Glew”.

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