“El pildorero de Gumersinda”, por escritora de Glew Mariel Velez

De un libro de relatos: Las babas del obelisco.

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“El pildorero de Gumersinda”, por escritora de Glew Mariel Velez

Verdaderamente, el nombre de Gumersinda, corresponde a una gatita blanca, tuerta, con sus orejitas alérgicas, que comencé a amarla, cuando la observé tan vivaracha, siempre donde estaban dando de comer…

Pero nada de estos párrafos tienen que ver con la dueña del nombre.

La señora Gumersinda es una burguesa miedosa, de esas que cuando ven un entierro, luego de hacer la señal de la cruz, le ponen bien los “cuernos”, bruscamente dan media vuelta y de nuevo se introducen ávidamente en las “entrañas” de la vida…

Además, vive en una ciudad densa, donde la gente se cae del mapa, pero todavía pueden aconsejar proliferación…

No hay territorio, o rencillas por “él”, pero las demandas de trabajo aumentan, escasean los bienestares, y abunda la ansiedad.

Gumersinda, desde su departamento, observa una calle espaciosa, con el frenesí semanal, y el oasis de ciertas horas solamente, en fines de semana.

Tiene abundantes anécdotas de accidentes, peleas, disturbios, y otras características de la turba.

Con acostumbrada resignación, pero que va transformándose en angustia, observa un  impuesto y la expensa, aplicando los consabidos ingenios y así poder cumplir…

Este es el primer disgusto del día, lo suaviza con Valium; si, en su mesa de luz, hay una farmacia portátil, encontrándose  a disposición los fármacos: digestivos, antidepresivos, para hipertensión, etc.

Cuando se habla con ella, del “motor” de todo el panorama, nunca puede asumir su realidad de sola, y confunde problema social con problema de salud. Se lo dicen y siempre como me contestó una vez:

– Soy como soy, como quien conscientemente reitera su error.

Lo más cómico es que de mi parte, tengo tanto o más problemas que esta buena señora, o como el que suma, y no tomo prácticamente remedios ni fumo.

A veces comento una afección mía. Es peor el remedio que la enfermedad… Reiteradamente, me insiste, en tomar alguno de esos innumerables fármacos que tiene para toda especialidad.

Debe haber una “orden” de turno para las experiencias, mi organismo dejó de ser virgen, pasando la adolescencia. Las drogas que tomé, o no sé qué, me convirtieron en alérgica, al extremo de no tolerar casi nada.  Y algunos fármacos, reservados para situaciones de heroísmo, se imaginarán como debo cuidarlos…

Gumersinda no tiene la culpa de usar “droga legal”. Yo tampoco tengo la culpa de ser abstemia acérrima de medicamentos, ni jactarme de los clasicismos o vicios de la medicina. Porque nunca faltan los aficionados a culparle a una de los inconvenientes que nos crea el medio de vivencia.

Una preferencia desgraciadamente  de Gumersinda, son los cortisonas. Ya se presentas problemas de circulación, parece que son, luego de las primeras manifestaciones de hinchazón, y alguna otra intolerancia.

Correspondiendo al organismo, la cortisona, algunos calmantes o antiinflamatorios etc, cuando se nos terminaron esas reservas, debemos recurrir a las pildoritas que reemplazan estas omisiones.

Pero nuestro organismo comienza a acostumbrarse, a resistir, por último necesita más y más. En estas ocasiones cobra una constante, en desequilibrio yendo de un extremo hacia el otro.

Ejemplo: cuando hace bien una cosa, daña a la otra, y aquí otra trampita: Para sacarse una afección, crean dos o tres, y se pasa como Gumersinda: recorre especialistas de todo lo habido, pasillos, estudios, análisis, etc, etc…

Gumersinda tiene un pildorero preferido: de él me habla siempre. Otro murió, no lo puede o no quiere sustituir. Para ella, los médicos, y toda la copiosa “tramitada”, idas, venidas, negligencias de personas (casi siempre implican más traqueteo) es una ocupación imprescindible.

Verdad! Andar de pie, al caro precio de los fármacos… Buscamos culpable?…

Gumersinda es conservadora, tradicionalista y acepta con facilidad, las fallas del medio.

Yo no. Puedo resultar como esos perritos cusquitos, que enfrentan a los mastines con sus chillidos… y los perrazos de tamaño familiar, miran con desdén y lástima a ese inspector de zócalos, llenos de bulla…

Pienso que somos más esclavos de lo que pensamos, agredidos y supeditados en forma constante, a situaciones reiteradas, desagradables que rechazamos con todo nuestro ser.

Y a eso le llaman stress, trayendo paralelamente un sinfín de afecciones causantes del consumo de diversos fármacos, para apenas seguir adelante, a y eso sí, siempre se subsiste en especial, para beneficio del vampiro inmenso e invisible: ese ambiente que vivimos, no solo se lleva nuestra plata, se lleva nuestro esfuerzo y nuestros días…

Creo tener una mentalidad más joven, que afirma de la conveniencia de sacar ese polvo, ese moho, del tradicionalismo, con sus derivados vulgares o mediocres; los egoísmos, la avaricia que tragan el progreso de tantos pueblos y de tanta vida…

Hay pildoreros de Gumersinda en países desarrollados, hay suicidios, drogas, asaltos, y todo lo malo como aquí: pero los cuatro días locos, muchos ciudadanos, los viven mejor…

 

Escrito por Mariel Velez

 

 

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