Enfermera de Evita, María Eugenia Álvarez: “La vi luchar hasta el último momento”

Hoy 26 de julio se realizan homenajes en todo el país en memoria de Evita por el 62° aniversario de su fallecimiento. Para recordarla en el plano local, Glew tiene como vecina a la persona que cuidó a la señora Eva Duarte de Perón hasta su último día en esta tierra. Ella es María Eugenia Álvarez, vecina del barrio Los Álamos y rememora los últimos momentos de Evita. Hoy una primera parte de la entrevista realizada por vivoenglew.com.

La enfermera y vecina de Glew, María Eugenia Álvarez de 87 años, por entonces tenía poco más de 20 cuando atendió por primera vez a Eva Perón, durante una operación de apendicitis a la que la primera dama argentina se sometió en 1950. Pero lo que no se imaginó desde un primer momento es que iba a atender a Evita durante la enfermedad que terminó con su vida tan solo dos años más tarde.

Para quienes no la conocen, María Eugenia Álvarez es la última enfermera que asistió a Eva Perón.  Se recibió en el año 1944 en el Hospital Rivadavia con apenas 17 años. La enfermera comenzó a formarse a los 15 años, llegó a ser Regente de la Escuela de Enfermeras de la Fundación Eva Perón, sito en Callao 1218 y de los tres internados ubicados en el barrio de Ezeiza, cerca del Aeropuerto. Entre otras actividades y labores, ha integrado equipos de apoyo humanitario enviados a varios países vecinos, como Perú, Colombia y Venezuela.

Pero reiteramos que, para aquellos que no la conocen en persona, sus ojos claros reflejan una mirada profunda, sincera, de humildad y franqueza, y deja entrever su entrega a su profesión que, si bien ya no la ejerce, deja vislumbrada toda pasión y exigencia que ha puesto en cada paciente. “Amo y adoré esta profesión”, afirma.

Para conocer más sobre su historia, la enfermera de Evita nos recibió en su casa de Barrio Los Álamos de Glew. Siempre tan atenta y cordial, no se le escapa un detalle: Es que así fue en su profesión y sigue siendo en la vida cotidiana. Mientras prepara café, uno puede observar sobre el estante de una biblioteca una foto de “su hermanita Rita”. Ella ejercía la misma profesión y también fue la enfermera de la señora Eva Duarte.

Cómo conoció a Eva Perón

Al recordar su experiencia al lado de “la Jefa espiritual de la Nación”, María Eugenia relata que conoció a Eva Duarte en febrero de 1950, cuando Evita se encontraba internada en el Instituto del Diagnóstico con un cuadro de apendicitis, el que no terminó siendo tal, sino el comienzo de la enfermedad por la que moriría dos años después.

Pero lo cierto es que ya la había visto por primera vez en el Hospital Rivadavia, donde trabajaba como enfermera desde los 15 años. María Eugenia recuerda que había estado a cargo en aquel momento de la atención de un accidente de avión y Eva había ido a visitar a los enfermos. “El doctor me presentó… Dijo que había salido todo perfecto porque yo había organizado todo. Y a mí me pareció injusto porque nunca lo podría hacer una sola persona… Todo un equipo trabaja”, cuenta la enfermera humilde de la abanderada de los humildes. Eva en ese instante le dio la mano, le dijo “gracias”… Y María Eugenia la miró a sus ojos, como ella describe, pacíficos y sinceros… “Fue una mirada tan especial, de ella a mí, ida y vuelta”, rememora.

No obstante, tiempo más tarde, volvió a trabajar con ella, cuando Evita comenzó con las pérdidas, los primeros síntomas del cáncer. Por su parte, Perón pidió que la llamaran a María Eugenia y a su hermana Rita para su cuidado. Mientras tanto, Evita seguía trabajando, pero cada vez se volvía más consciente de su padecimiento.

Luego del postquirúrgico, siguió cuidándola. “Había una cuestión muy importante entre ella y yo, entre la personalidad de Eva Perón y mi forma de actuar… Ella me hacía notar a mi como que me tenía una gran confianza, pero a mí se me multiplicaba el respeto por la señora Eva Perón porque yo iba descubriendo esa personalidad en esa mujer, no solamente porque era la mujer del Presidente de la República sino lo que proyectaba en esa mujer para la historia argentina, yo lo sentía”.

Y fue a pedido de Evita que María Eugenia fue la Regente de la Escuela de Enfermería “7 de mayo” de la Fundación Eva Perón, entre 1951 y 1955, siendo la responsable de la formación de más de 1100 auxiliares de la salud, lo cual evidencia la confianza que tenía hacia su persona. “Sé que es una persona seria y correcta que no me va a defraudar”, pronunció la mujer del presidente de la Nación al encomendar el cargo. “Pero qué responsabilidad! Tenía que tomar esa institución bajo el nombre de Eva Perón”, exclama.

Las últimas palabras de Evita

En el último tiempo, cuando Evita ya no podía levantarse de la cama, María Eugenia era quien permanecía en la noche, sentada junto a ella. Y la madrugada de su último día de vida, recuerda que Evita le insistió para que la acompañara al baño. “La sostenía con mis brazos y ahí, en el lavabo me dijo: Ya queda poco. Y yo le dije: ‘Si señora, falta poquito para ir a la cama’, y me contestó: ‘No María Eugenia, a mí me falta poco’. Luego, se durmió profundamente. Después de eso, no la escuché más, entró en agonía. La vi luchar hasta el último momento”.

María Eugenia testifica haber escuchado estas últimas palabras de Evita antes de entrar en un coma que terminó con su vida a las 20.25 horas del 26 de julio. Tras escucharla por última vez, la enfermera recogió las últimas lágrimas de Evita en un pañuelo.

“El doctor Finochietto le tomó el pulso para tener la seguridad absoluta, y en ese momento vi que los ojitos de Evita lagrimearon. Recordé que debajo de la almohada estaba su pañuelo. Lo saqué y sequé sus lágrimas pero no opté por ponerlo otra vez debajo de la almohada sino que lo guardé en mi bolsillo. Hoy he decidido dejarlo donde debe estar, en el Museo Evita”, expresó emocionada.

Homenaje

Hoy, en un nuevo aniversario del fallecimiento de la persona que es símbolo de la lucha por los derechos de los más humildes y de la reivindicación política y social de la mujer, el homenaje es para ella y para la persona que compartió los momentos más críticos de su corta e intensa vida. La vecina de Glew es quien vio trabajar a Evita hasta último momento, supervisando las obras de la Fundación que estaban en marcha y proyectando aquellas por venir.

A manera de agradecimiento por todos los cuidados que le ha brindado a Evita, María Eugenia Álvarez es reconocida a nivel nacional con distintas consideraciones.  La realidad es que es un orgullo tenerla  como vecina de Glew. Por la labor que ha desplegado y por su plena dedicación, la comunidad está agradecida por haber cumplido con rectitud y disciplina su profesión y por haber cuidado a la mujer más influyente de la Argentina hasta su último día de vida.

 

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  1. Graciela Doré
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