GLEW

Historia de nuestro pueblo

Créditos: Edmundo Trotha / Museo y Archivo Histórico municipal


Nuestra querida localidad es una de las más antiguas del distrito. Si nos remontamos a sus inicios, a mediados del siglo XIX esta zona estaba conformada por chacras y estancias, en las cuales vivían sus primeros pobladores. Manuela Leyes, Cayetano Silva, su esposo Manuel Correa, Marcelino Bustamante, Santiago Rodger eran algunos de aquellos habitantes.

En 1857, los herederos de Rodger fueron quienes vendieron una estancia mediante remate que abarcaría el casco histórico a Juan Glew. Así, Juan Glew efectuó la compra de casas, caballos, lanares, durazneros y talas. Estas tierras se conocieron en ese momento como “La Estancia de don Juan Glew”.

Por aquellos tiempos, los carruajes ya marchaban por el “Camino Real”, hoy Ruta 210.

En 1865, Juan Glew decidió vender un terreno para la vía y para la estación del Ferrocarril Sud y Enrique Applin Green fue el comprador como representante de la empresa ferroviaria de Inglaterra. Green pasó los terrenos a Petto y Betts, quienes realizaron la transferencia a la empresa Ferrocarril Sud.

Es así como en 1866 la estación adquiere el nombre del primitivo dueño “Glew”.

Pasa el primer tren por Glew

En el año 1864 el Ferrocarril Sud inauguró la Estación Central en Plaza Constitución, acontecimiento crucial para la aparición del tren en las distintas localidades de la provincia.

Así fue como un año más tarde el servicio comenzó a funcionar y el 14 de agosto fue la fecha en la cual el tren paró  por primera vez en localidades como Glew. A raíz de este avance se fueron conformando las distintas localidades junto al ferrocarril. Sin embargo, se considera oficialmente que el 12 de octubre es el “Día de Glew”.

Por aquel entonces, Juan Glew construyó el primer “Almacén de Ramos Generales” en las esquinas de Avellaneda y Moreno.

De esta manera, en 1880 se empezó a vislumbrar el nacimiento del pueblo ya que, al fallecer Juan Glew, sus hijos decidieron fraccionar y vender las tierras.

Durante un tiempo, la parte del terreno que dio origen al pueblo o “Pueblo Viejo” era el que estaba comprendido entre la estación y la Ruta 210. Esta parte también recibió el nombre “Cambaceres”, en honor al legislador y vecino Antonio  Cambaceres. Sin embargo, aquella denominación duró poco tiempo puesto que el Ferrocarril dio como nombre “Glew” a esta estación ya que arribaba a la mismísima estancia de su precursor.

A raíz del crecimiento del pueblo, se hizo necesario fundar escuelas, siendo la Escuela N°4 la primera en Glew en el 1905.

Al fraccionar las tierras comenzaron a aparecer distintas chacras y tambos.  Entre los pioneros se encuentran las familias Calvo, Heguiabehere, Poggio, Torlaschi, Etchechoury, Blanco, Grosso, Elzaurdía, de Garín, Burzaco, Moritán, Iribarne, entre otros.

Con el aumento de la población y de las viviendas que ya dejaron de ser chacras se consideró a los terrenos ubicados al este de las vías “Pueblo Nuevo de Glew”.

La construcción de nuestro templo

A comienzos del siglo, el matrimonio Jacinto Calvo y Vicenta del Castillo fueron quienes iniciaron una comisión para la ardua tarea de edificar el templo del pueblo. Sin embargo, al fallecer Vicenta, fue el matrimonio Ezeiza quien se comprometió a concluir la obra. Ya en 1906 se ultimó la construcción, ubicándola bajo la advocación de Santa Ana, Madre de María. Luego, en 1930 el templo fue transformado en Parroquia.

Por su parte, Don Pablo Regazonni fue el constructor encargado de su edificación. Su interior está conformado por arcos de 5 cm. por 3 cm. limitadas por pilastras. Estas mismas paredes son las que años más tarde, alrededor del año 1950, fueron embellecidas por una serie de frescos que el artista Raúl Soldi regaló a su querida ciudad. Estos murales retratan la vida de Santa Ana rodeada del paisaje de Glew.

La Parroquia Santa Ana es sin dudas uno de los sitios más representativos de Glew. Hasta nuestros días es reconocida nuestra Parroquia como una de las más admirables de la provincia por la grandiosa obra que nos dejó el Maestro. Los once frescos y dos óleos le llevaron 23 veranos de su vida  considerándose una de las reservas culturales más importantes de la pinacoteca argentina.

Nombres de los barrios

En 1927 se comenzó con el trazado de las calles. De esta manera, a cada barrio se le asignó un nombre un tanto particular. Por ejemplo, cuando se loteó el Barrio Almafuerte se le solicitó al Maestro Soldi que sea él quien eligiera los nombres de sus calles. Así es como eligió los nombres de pintores y escritores.

De esta forma, se decidió nombrar al Pueblo Viejo con próceres, al Pueblo Nuevo con poetas, la realeza para Villa París y los ingleses para Parque Roma.

Vale destacar el gran aporte de una importante colonia alemana en el desarrollo del pueblo. Ya en esta época existen quintas de nombres germanos como Kuhn, Keller, Kubinec, Leinhold, Thiel, Trotha, Kellertas, etc.

Ya en la década del ´30 los vecinos del pueblo coincidieron en la falta de una segunda barrera que comunicara los dos pueblos. La única calle asfaltada del Pueblo viejo era Sarmiento, mientras que en el año 1956 se asfaltó la calle Almafuerte del Pueblo Nuevo. Ya en esta altura jóvenes vecinos terminaron con aquellas antiguas diferencias entre Pueblo Viejo- Pueblo Nuevo.

Ya en 1950, llegó Soldi, nuestro embajador en el exterior, quien se enamoró de este pueblo y le dio a Glew ni más ni menos que proyección internacional.

Glew ya es considerada ciudad

En el año 1975 Glew pasa a ser considerada ciudad pero en su esencia, en su gente y en sus calles sigue estando “el alma de pueblo”.

Fuente consultada: Archivos históricos de la Biblioteca Popular y Municipal “Esteban Adrogué”

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