“La inteligencia destructiva”, por Armando Horacio SOFIA

Escrito enviado por Armando Horacio SOFIA de 78 años, habitante de Glew en su infancia por el año 1947.

escritura

Es muy cierto que, por intermedio de la inteligencia humana, hemos podido sobrevivir a través de los siglos y las inclemencias naturales, como así también construir mega-ciudades y transportes o maquinarias para viajar o proveernos de alimentos.  Sin embargo, también es cierto que no se ha contemplado, ni se contempla, las consecuencias negativas de cada invento o descubrimiento que hipotéticamente mejoraría la vida de los habitantes del planeta.  Por ejemplo, la energía nuclear, los pesticidas que junto a la clonación, eliminan todo insecto, pájaros y pequeños roedores cuya función es tan necesaria para la tierra;  o la eliminación de extensos bosques para sembrar sin tener en cuenta que un tercio de los forrajes son para alimentar animales para consumo humano, que lanzan a la atmósfera, junto a los vehículos, tanto metano que ha creado el agujero de ozono que hoy padecemos;  sin contar con los desperdicios plásticos tirados al mar y detergentes que envenenan los peces y tantas otras cosas por el solo hecho de conseguir mayores ganancias que se acumulan en paraísos fiscales que una ínfima porción de irresponsables de las poblaciones mundiales depredan empobreciendo a la mayoría.

En el Reino Animal no existe la apetencia por el dinero que ha suplantado a un Dios personal o colectivo, ni armamentos cada vez más sofisticados, que se ha llegado a la conclusión que si se usaran destruirían para siempre la vida y la vegetación de nuestro Planeta.

Todos los procesos de evolución de la raza humana están destinados a la aniquilación de la vida, y al parecer no se puede retroceder para rescatar los principios del bien, de la fraternidad, del amor, de la paz y el preservar el entorno natural.

Pese a ello, alentamos dentro nuestro la esperanza que algún acontecimiento o una personalidad más avanzada nos traiga la solución a fin de no perecer.

La inteligencia que hemos alcanzado, lamentablemente es destructiva, y nos es imposible limitar su perfeccionamiento puesto que constantemente se crean nuevos artificios pero siempre con el mismo sentido, el beneficio.

El amor desmedido resultó ser el mayor enemigo por el descontrolado crecimiento demográfico mundial que amenaza la supervivencia por falta de agua y alimentos.

La agresión constante de las naciones que no logran entendimiento de convivencia pasan de una guerra a otra entre ellas, mientras el planeta sufre las consecuencias y reacciona con manifestaciones cada vez más graves.

La alegoría del fin del mundo parece ser inevitable, siempre que un dolor universal logre lo que no ha podido el conveniente mandato interno de nuestra supervivencia.

 

Armando Horacio SOFIA –

 

 

 

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