Élida Yobizzi: “Nací en la estación de Glew”

“Mi papá era ferroviario, vivíamos en la estación y bueno, ¡Ahí nací yo!”, cuenta Élida Hermelinda Yobizzi, quien hace 92 años es fiel habitante de las tierras glewquinas, una de las pocas nativas de la localidad y rememora junto a Vivoenglew.com los recuerdos de su larga y plena vida.

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 Si bien Élida tiene 92 y el 27 de enero cumplirá un año más, su ser tan conversador, alegre y lúcido genera que no se vea el paso del tiempo. Es más, Élida es de aquellas mujeres a las cuales les encanta arreglarse y verse bien. Por ejemplo, un día como hoy, esperaba ser entrevistada y no pudieron faltar sus labios pintados, un par de aros y un delicado collar. Pero lo más importante es que siempre la acompaña una bella sonrisa y un buen estado de ánimo.

Al preguntarle qué significa haber nacido en la mismísima estación de Glew, Élida contesta que “todo el mundo se queda admirado por el lugar donde nació”, mientras les explica que “su papá era ferroviario, vivían allí y la señora del jefe es quien eligió su nombre al nacer”.

“Tengo 4 bisnietos de 8, 9, 12 y 16 años, uno vive acá cerca, y los otros 3 están en La Plata, tengo dos hijas y dos nietos”, comenta Élida a Vivoenglew.com reflejando en su tono de voz el amor que tiene por sus afectos, además de mencionar a sus queridos sobrinos y familiares más cercanos.

Su querida calle “Moreno”, corsos, lugares, gente…

Por su parte, Élida habla con mucho cariño de su querida calle “Moreno”, donde sus padres y abuelos decidieron vivir. Ya hace largos años que cambió su nombre por Soldi, pero para los de siempre sigue siendo “la Moreno”. La Moreno donde, según palabras de Élida, se realizaban los mejores corsos a los que asistía gente de distintas localidades, siendo una verdadera fiesta. “Todos me dicen que como los carnavales de Glew no hubo en ningún lado, venían de todos lados con disfraces, capuchas, caretas, había comparsas y se tiraban serpentinas de auto a auto”.

Asimismo, Élida rememora la popular tienda del “Turco Dulce” en la esquina de Moreno a pasos de la estación, la cual trabajaba muy bien y más aún para las fechas de corsos pues alquilaban los disfraces en la zona.

Y si hablamos de locales predilectos para los lugareños, Élida menciona el tradicional almacén de Agapito donde “por sólo 5 centavos se podía comprar un montón de galletitas”, y una despensa muy conocida: “Cuando yo era chica estaba el almacén de todo Glew de la calle Moreno… Era el de Juan Amadeo, donde por 10 centavos se podía comprar yerba”. También, el almacén La Victoria, donde hoy se encuentra el Colegio que lleva su mismo nombre, es otro de sus lindos recuerdos: “Casi todos mis tíos tenían tambos, mi tío venía a Glew a cobrar la leche, dejaban los coches a caballo en mi casa, nos íbamos y tomábamos una copita de anís cada uno”. Por último, La Mimosa: “¡Si habré ido a La Mimosa!, era un almacén de pueblo, era un negocio hermoso, la gente iba a tomar grapa, anís, se comían ricas milanesas, también funcionaba como salón para fiestas de casamiento y uno de mis sobrinos se casó ahí”.

Si de vecinos se trata, se acuerda con gran nostalgia de la familia Grosso quienes, cuando eran chicos, vivían al lado de su casa: “Vivíamos pared de por medio, yo tendría 12 y ellos, como travesura, a la hora de la siesta nos sacaban los higos de la planta, los enganchaban y sacaban con un palo y una latita”. Mientras repasa con alegría este tipo de anécdotas vuelve a enfatizar en que los vecinos estuvieron unidos siempre, y es uno de los tantos motivos por los cuales le gustó y aún le gusta Glew.

En cuanto a los lugares que fueron parte del entretenimiento en sus años de juventud, además de la Sociedad Italiana, se puede mencionar al Club Defensores de Glew y el Club Social y Deportivo Glew.

La casa del pueblo

“Mi familia está enloquecida conmigo porque en mi casa era entrar y salir gente continuamente, venían a dormir, a comer, fue el lugar de reunión toda la vida, si hasta mis hijas hicieron la fiesta de casamiento allí”, comenta Élida.
“Siempre hubo gente en casa – recuerda la nativa de Glew – parientes de General Belgrano, de Tandil, estábamos todos unidos”, a la vez que destaca que esa misma unión se percibía no sólo entre la familia sino también entre los vecinos. “Glew no era como ahora, todos se conocían con todos, nadie se peleaba con nadie”, opina Élida.

Podemos decir que la casa de Élida era la famosa “casa del pueblo”, donde quería juntarse toda la familia y esperaban ese momento tan especial para ir y quedarse el mayor tiempo posible. Y ni hablar de su cualidad como cocinera: Con sus ricos platos solía deleitar a toda su familia. “A mí me gustaba mucho cocinar, me decían que los esperara con matambre, o cada uno pedía lo que quería, lo que más le gustaba”.

Se reunían allí para pasar todos juntos las festividades y los domingos, entre ellos sus 11 tíos y familia. Por eso, es probable que Élida tenga bien presente en su memoria la imagen de la casa grande llena de gente.

Más recuerdos del Glew de antes

Hija de padres argentinos y nieta de italianos, no les sobraba el dinero pero sabían qué hacer para que nada faltara en el hogar: “Mi papá tenía un terreno donde plantaba de todo, no era una huerta, era una huertona y también tenía vaca, conejos, gallinas, hacíamos queso, porque con un sueldo sólo no alcanzaba”.

Vale destacar que es una de las tantas personas que recorrieron las aulas de la primera Escuela de Glew, la N° 4, donde también asistió su mamá y tíos. Asegura haber sido una buena alumna pero considera que esto es debido a que “había más disciplina y se respetaba más a las autoridades”.

Además, Élida comenta que por aquellos años de infancia, su padre tenía un buffet cuando se organizaban bailes en la Sociedad Italiana. “Con mi mamá lo ayudábamos, pero yo nací para cocinar, así que hacía 7 matambres para toda la semana, eso durante muchos años para las cenas que se hacían pero más para los carnavales, hasta venía Juan D´Arienzo, era todo un acontecimiento”. “Hay baile en la Sociedad Italiana”, decían las mujeres del pueblo mientras buscaban su mejor vestido largo para bailar toda la noche.

En su mayoría, los recuerdos de la infancia y adolescencia de Élida y de su querido Glew natal lo ha transmitido en su vida a todos sus seres queridos, vecinos y a la comunidad glewquina en general, recuerdos que actualmente estarán bien fijados en cada memoria y en cada corazón para no borrarse jamás.

 

 

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